La dilatación de pupilas es un procedimiento seguro y rutinario que permite al oftalmólogo examinar en profundidad el interior del ojo. Se realiza con gotas especiales que agrandan temporalmente la pupila para poder evaluar la retina, el nervio óptico y otras estructuras internas que no se pueden observar completamente sin este paso.
En oftalmología pediátrica, la dilatación es especialmente importante. Los niños tienen una gran capacidad de enfoque que puede “esconder” defectos como hipermetropía o astigmatismo. Al dilatar la pupila, se relaja temporalmente ese mecanismo natural de enfoque, permitiendo medir con mayor precisión la fórmula real y detectar problemas que podrían pasar desapercibidos en un examen sin dilatación.
Este procedimiento puede realizarse incluso en recién nacidos cuando está indicado, ya que forma parte de un examen oftalmológico infantil completo y estandarizado. Es fundamental para descartar enfermedades congénitas, alteraciones de la retina, problemas del nervio óptico y factores de riesgo de ambliopía.
Después de la aplicación de las gotas, la visión puede estar borrosa de cerca y puede haber mayor sensibilidad a la luz durante algunas horas. Por eso, dentro de la consulta, la dilatación requiere un tiempo de espera mientras las gotas hacen efecto. De manera natural, esto hace que la puntualidad en la cita ayude a realizar el examen completo con calma y sin prisas.
La dilatación no es un paso opcional cuando está indicada: es una herramienta clave para garantizar un diagnóstico preciso y cuidar la salud visual de los niños desde las primeras etapas de vida.
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